 |
|
Diario
de
Caza de
D.
Salvador Roldán Gutiérrez
|
22-11-92 en el Santoral (Santa
Cecilia)
Dice un cante popular andaluz:
"Quien le da un tiro a una
liebre
debiera de estar condenao,
que a una liebre no se mata,
una liebre se avasalla
con dos perros acollaraos
y si se va, que se vaya,"
Con
seguridad, todo cazador que haya
experimentado las dos fórmulas
de cazar liebres, escopeta y
galgo, se mostrará de acuerdo
con lo que dice la canción del
pueblo. Sin embargo no son pocos
los pueblos andaluces donde se
denota un marcado antagonismo
entre los dos gremios de
venadores: los que persiguen a
la liebre con galgos y los que
le dan caza con la escopeta.
Entiendo
que el cazador en mano tire a
una liebre que se arranca al
límite casi del tiro y se aleja
a gran velocidad. Enciende este
comportamiento de huida el
instinto de la caza en lo mas
profundo del cazador. Yo al
menos confieso que es la
sensación que experimento.
Pero me
cuesta encontrar satisfacción
alguna en el tiro cuando en
mitad de un ojeo ó el día de la
apertura de la temporada de caza
que aun carecen de picardía se
te viene uno de estos lagomorfos
gazapeando hacia el puesto ó se
te mete en los mismos cañones
parándose de trecho en trecho
levantándose de manos volviendo
las orejas hacia
los bastidores ó hacia otros
cazadores. En muchas batidas no
se dispara a las liebres, como
es el caso de muchas cacerías a
perdices que se dan en las viñas
del marco de Jerez. Aunque
también se organizan ojeos para
las liebres exclusivamente en la
marisma y en las tierras de
labor. Aunque oficialmente hay
una caza mas lógica y adecuada
para estos animales que la de
los perros .
El
galguero tiene, la
particularidad de idolatrar a su
presa hasta el punto de
manifestar alegría cuando esta
consigue dejar atrás a los
galgos y escapar. Esta es la
liebre ideal para el aficionado,
la que tiene pies de sobra para
proporcionar una excitante
carrera e irse a criar después.
Ello supone la esperanza de
muchas más como ella, la
perpetuidad de una casta de
liebres rápidas, que es lo que
ambiciona tener delante de sus
perros el cazador de esta
modalidad.
En Gran
Bretaña, que es la cuna de los
deportes del campo en el sentido
mas puro de su significado, las
liebres abundan y se cazan, bien
con galgos (Grey Hounds) ó con
perros de sangre (Beagles). La
caza con galgos "Coursing" no
incluye el montar a caballo,
sino que los participantes van a
pie. En la caza con Sabuesos "
Beagling", los cazadores van
también a pie y los perros
alcanzan la liebre por el
rastro. En este país abundan las
liebres y son en general de
mayor tamaño que las nuestras.
Apenas se cazan allí con
escopeta.
En
Andalucía se tiende a ir de
liebres
a caballo. Mucha gente caza a
pie, pero la perspectiva de la
carrera y del campo en general
que se disfruta al estar
montado, introduce una notable
diferencia. Ello, sin mencionar
la felicidad de movimiento que
dá el caballo en un terreno a
veces recién labrado, a veces
fangoso, a veces cubierto de
cardos.
Cuando
llega el otoño y las primeras
aguas asientan el polvo y
suavizan los terrones del arado,
las sociedades de cazadores y
grupos de amigos se echan al
campo y organizan unas manos que
guarden perfectamente la línea
de avance. Ningún revuelo de
rastrojo, ningún surco entre los
terrenos debe quedar por
registrar, pues la orejona es
capaz de aguantar en la cama
hasta ser pisada prácticamente,
y cuando salta, la mano entera
vibra al grito de ¡ahí va la
liebre! El traillero entonces se
ve arrastrado por la collera de
perros, que pelean por lanzarse
a la persecución, y cuando
finalmente son liberados se
establece el duelo de la
velocidad. El galgo bueno se
estirará entre sus patas y
seguirá el recorrido de la
presa. El galgo maleado atajará
en los recortes y se apoyará en
el compañero para aprovechar las
ocasiones. Los caballos han sido
ya cautivados por la carrera y
tiran de la boca aprovechando
también la excitación de los
jinetes. El campo se paraliza y
lo único que parece existir es
la presa con sus perseguidores.
Es el instinto de la caza
contagiado entre hombres, perros
y caballos y desatado hasta su
más alta cota. Es una alegría
común y compartida, es la
alegría de las liebres.
Hoy,
tumbe una liebre que había
escapado como una exhalación de
un único perro perseguidor y yo
fui testigo excepcional de cómo
metro a metro se fue
distanciando del can para pasar
como un rayo a tiro de mi
escopeta. Dió al menos cuatro
vueltas de campana, ante de
quedar inmóvil. Cuando la cobré
tenía quebradas todas las patas.
"Dios me
perdone y los galgueros por
supuesto",
¡que atropello cometí
contra la naturaleza!
 |
|
En
este 22 de noviembre del
92, con Santa Cecilia
por testigo comprendí,
que es preferible dejar
pasar la ocasión de
disparar mi escopeta
contra una liebre y
contemplar como se aleja
de mis cañones, en su
sueño de libertad,
majestuosa, alegre,
vivaracha y
altanera, a
pegar un tiro que a la postre
ha sido
un sin sabor para mí
durante toda la jornada de caza
y seguro que en
algunos días posteriores.
Los Kilómetros hasta llegar a mi
casa se me harán interminable. |
|